Necesito empezar a vivir ya en un mundo perfecto, donde sus habitantes se reduzcan a dos personas: tú y yo. Donde las palabras estén de paso y no por esto hayan problemas de comunicación. Donde tengamos nuestro propio idioma: el de las caricias, besos y abrazos. Donde no haya nada que nos pueda preocupar ni importar, depender solamente el uno del otro. Despertar y sonreír, y no dejar de hacerlo hasta que el sueño producido por el no parar nos borre la sonrisa… No, borrar no, eso nunca.